viernes, 29 de febrero de 2008

Cursos de retórica de Juan de Mairena. (1era lección)

Hay hombres que nunca se hartan de saber. Ningún día -dicen- se acuestan sin haber aprendido algo nuevo. Hay otros, en cambio, que nunca se hartan de ignorar. No se duermen tranquilos sin averiguar que ignoraban profundamente algo que creían saber. A igual A, decía mi maestro, cuando el sueño eterno comenzaba a enturbiarle los ojos. Y añadía, con voz que no sonaba ya en este mundo: ¡áteme usted esa mosca por el rabo!

***

(Ejercicio de sofística)


La serie par es la mitad de la serie total de los números. La serie impar es la otra mitad.
La serie par y la serie impar son –ambas- infinitas.
La serie total de los números es también infinita.
¿Será entonces doblemente infinita que la serie par y que la serie impar?
No parece aceptable, en buena lógica, que lo infinito pueda duplicarse, como, tampoco, que pueda partirse en mitades.
La serie par y la serie impar son ambas, y cada una, iguales a la serie total de los números.
No es tan claro, pues, como vosotros pensáis, que el todo sea mayor que la parte.
Meditad con ahínco, hasta hallar en qué consiste lo sofístico de este razonamiento.
Y cuando os hiervan los sesos, avisad.

***

(Mairena fantasea)

Imaginad un mundo en el cual las piedras pudieran elegir su manera de caer y los hombres no pudieran enmendar, de ningún modo, su camino, obligados a circular sobre rieles. Sería la zona infernal que Dante habría destinado a los deterministas.
Políticamente, sin embargo, no habría problemas. En ese mundo todos los hombres serían liberales; y las piedras… seguirían siendo conservadoras.

Antonio Machado. Juan de Mairena;
sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo. (selección)

MORANDI





Eugene Ysaye - Balada de la Sonata n3 (Maxim Vengerov)




jueves, 28 de febrero de 2008

Sé llevó a un joven ante la presencia de un sabio diciendo: “¡He aquí uno al que pierden las mujeres!” Pero el sabio sacudió la cabeza sonriendo. “Los hombres son los que pierden a las mujeres”, exclamó; “y todas las faltas de las mujeres debieran ser castigadas y corregidas en los hombres; pues el hombre se forma una imagen de la mujer y la mujer se forma de acuerdo a esa imagen”. “Eres demasiado indulgente con las mujeres”, replicó entonces uno de los circunstantes; “se ve que no las conoces”. El sabio respondió: “el hombre se caracteriza por la voluntad y la mujer por la buena voluntad, tal es la ley de los sexos; ¡ley harto dura, por cierto, para la mujer! Ningún ser humano es culpable de su existencia, mas las mujeres son doblemente inocentes; nunca se tendrá bastante indulgencia con ellas”. “¡Que indulgencia ni indulgencia!”, exclamó otro del grupo, “¡hay que educar mejor a las mujeres!”. “Hay que educar mejor a los hombres” dijo el sabio, e hizo señas al joven para que lo siguiera. Pero el joven no lo siguió.

lunes, 25 de febrero de 2008

sábado, 23 de febrero de 2008

Álvaro de Campos

Si te quieres matar, ¿por qué no te quieres matar?
¡Aprovecha el momento! Yo, que amo tanto la muerte y la vida,
si osara matarme, además me mataría...
Ya que lo osas ¡ósalo!

¿De qué te vale el cuadro sucesivo de imágenes externas
al que llamamos mundo?
Ese cine de las horas que van representando
Los actores de unas convenciones y poses determinadas,
Circo policromo de nuestro dinamismo sin fin ...
¿De qué te vale el mundo interior, que desconoces?
Tal vez si te matas lo conozcas, por fin.
Tal vez al acabar comiences...
En todo caso, si te cansa ser,
Ah, cánsate noblemente,
¡No cantes como yo, la vida por borrachera,
no saludes, como yo , la muerte en literatura!

¿Haces falta? ¡Oh sombra fútil llamada hombre!
Nadie hace falta; a nadie le haces falta...
Sin ti, todo marchará sin ti.
Para los otros tal vez sea peor tu existencia que tu muerte...
Tal vez les peses más durando que dejando de durar...
¿El dolor de los otros? ¿Sientes remordimientos anticipado
por su llanto?
No te preocupes: poco te han de llorar.

El impulso vital extingue poco a poco las lágrimas
Cuando no son por cosas propias,
Cuando son por lo que les sucede a los demás, sobre todo la muerte,
Que es algo tras lo cual ya nada les sucede a los demás...
Al principio es la angustia, la sorpresa de que haya llegado
El misterio y la falta de tu vida hablada...
Después es el horror del ataúd visible y material,
Y los hombres de negro que ejercen la profesión de estar allí.
Después, el velatorio de toda la familia, inconsolable y contando historietas
Mientras lamenta ese castigo que es tu muerte,
Y tú, mera causa ocasional de aquel plañir,
Tú, en verdad muerto, mucho más muerto de lo que imaginas,
Mucho más muerto aquí de lo que te imaginas
Aunque estés mucho más vivo más allá...

Después la trágica retirada hacia el panteón o el hoyo,
Y después es comienzo del morir de tu recuerdo.
Primero hay en todos un alivio
De la tragedia, algo pesada, de tu muerte.
Después se aligera la conversación cotidiana
Y la vida de cada día recupera los días...
Después, lentamente te olvidan.

Sólo serás recordado en dos fechas, por tus aniversarios:
Cuando cumpla los años tu nacer, cuando cumpla los años tu morir.
Nada más, nada más, absolutamente nada más.
Pensarán en ti dos veces cada año.
Cada año suspirarán por ti dos veces aquellos que te amaron.
Y alguna que otra vez suspirarán si por casualidad se habla de ti.
Enfréntate a ti mismo en frío, y enfrenta en frío lo que somos...
Si te quieres matar, mátate.

¡No tengas escrúpulos morales, recelos en la inteligencia!
¿Qué escrúpulos o que recelos tiene el mecanismo de la vida?
¿Qué escrúpulos químicos tiene el impulso que genera
las savias y la circulación de la sangre y el amor?
¿Qué memoria guarda de los otros el ritmo alegre de la vida?
Ah, pobre vanidad de carne y hueso llamada hombre,
¿No ves que tu importancia es nula?
Eres importante para ti porque es a ti a quien tú sientes.

Lo eres todo para ti porque eres para ti el universo,
El universo propio y los otros
Satélites de tu subjetividad objetiva.
Eres importante para ti porque sólo tú te importas.

Y si eres así, oh mito, ¿Por qué los otros no han de ser así?
¿Sientes, como Hamlet, pavor a lo desconocido?
Pero, ¿Qué es lo conocido? ¿Qué es lo que conoces
Para que llames desconocida a cualquier cosa espacial?
¿Sientes como Falstaff el amor adiposo a la vida?
Si tan materialmente la amas, más materialmente ámala aún:
¡Tórnate parte carnal de la tierra y las cosas!
Dispérsate, sistema físico-químico
De células nocturnamente conscientes,
En la nocturna consciencia de la inconsciencia de los cuerpos,
En el gran embozo, que no emboza nada, de las apariencias,
En la hierba o el césped de la proliferación de los seres,
En la niebla atómica de las cosas,
En las paredes voragianantes
Del vacío dinámico del mundo...

Lisbon Resvisited (1923)


La practica de una fantasía: la antelación del discurso post-mortem

¿Qué pasará si hablo?
¿Vendrá alguien a llorar cuando yo sonría, a sonreír cuando llore?
No.
Todas las noches sentiré el eco vacío de mi voz, que ya ha sonado y no sonará así nunca más. Todas las noches me acostaré en mi cama solo, oyendo a mi voz recorrer las calles volviendo su figura a cada instante, y a la sazón no sólo yo estaré solo sino que ella también…, y así habrá llegado la hora de la conciencia, y entonces tendré que matarme. Entonces tendré que introducirme en el bosque de la muerte buscando la cabaña en la que viven mis padres y decirles que he fracasado.

¡Cuanta vitalidad ha de hacer falta para dejar la vida! Cuanto polvo de ensueño flotando como un camino sobre el pavor naciente y poniente del principio del amor, perdiéndose a la distancia, precediéndolo a uno mientras entra a la muerte y, aunque sin hacer jamás visible el más allá, llevando al caminante tan lejos que le sea más fácil seguir por la fe, que volver otra vez a pedir perdón y dar las gracias… Y al fin sólo caminar, casi sin sostén, sobre la nada, hasta perder pie y hundirse en la antigüedad del sueño.
Mientras ese acto, continente de todas las esperanzas, hace arder el cuerpo como un leño, y mientras los humos de esa entrega velan toda otra emoción más larga y débil, todo otro sentimiento más atado al pudor, toda concesión, todo regalo del mundo a los sentidos…, ya entonces el ser ha trascendido a su propia vida, pues ha entregado todo lo que es por lo que aún no es, pero sobre todo por lo que acaso no pueda ser jamás.

Solo pensar que alguien me mira
a los ojos
y toma mi olvido en sus manos
en vano
- para no estar solo -
y en mis ojos nada queda

Sólo Dios quiere mis latidos
pues todo lo que amo tiene su propia vida
y allí se va cuando lloro
Sólo quien me dio me pide
lo demás cae como corteza seca

Y Dios me duele en el pecho
pues todo es falso
y para ser falso
me roba lo que mi padre me dio
para que regalara

Pero Dios sólo vendrá cuando haya muerto
porque sólo quiere a los vencidos
porque sólo quiere vernos llorar su lluvia
borrándonos el rostro

Ah, esa grandeza que hace llover
lágrimas del cielo
sólo me da de beber mi muerte
no me conoce
me ama con indiferencia
me ama con amor que no quiero
y entonces me mata

He hablado: he de morir.
Debo morir porque estoy cansado, y porque el suelo es húmedo y duro y me hace doler el corazón cuando duermo.
Caigo sobre los brazos de Dios porque nadie ni nada más me sostiene. Caigo sin pedir perdón ni dar las gracias, sólo caigo, a un sueño más hondo, porque estoy cansado.

Cuando el destino me cedió su lugar
mi tarea fue crear a un dios que juzgue al mundo
mi tarea fue quitarle al mundo la facultad de juzgar.
Cuando el destino me cedió su lugar, me dijo:

Los hijos de la tierra están tan solos… Pero tú estás acompañado por mí en cada parcela de tierra que le ha ganado tu soledad al mundo. ¿No ves como tus sentidos yacen medio muertos al arte, y tu amor, como un fuego de artificio, te pertenece menos que la noche que ilumina? ¿No ves que la hermosura es un desastre y que mientras los hombres, asustados por el fuego divino, dejan arder la selva de su corazón, el mundo aún espera ser creado?
Por la soledad acompañado ya no posees la sed del hombre sino la sed del mundo…, un mundo nuevo con el viejo mundo como parturienta.


Así el destino
me plantó su ala sana
en mi ala rota.

Pero perdí mi otra ala, porque el destino quería volar más alto.
Así fue que no di la talla, así es que debo morir.
Mas antes tenía que hablar, y he hablado.



Piloto del dios viviente.

jueves, 21 de febrero de 2008

martes, 19 de febrero de 2008

Héctor Leonel Reyes Mora

RECUERDO Y PREDICCIÓN


A Verónica Reyes Mora


No lo he de buscar en las trizaduras de un lamento,

no lo he de intentar al ahora de un calor de lluvia de junio erguido,

he de ir a la naturaleza que nunca divaga,

he de presentarme al raciocinio de mangas largas,

para poder encontrar al ser bello y fidedigno.


El viaje constaba de escasas cuadras de compañía,

la mano dura sobre la blanda flor,

el mandado rumbo a su conocido propósito,

el camino limpio aunque terroso,

mi hermana y yo jugábamos a crecer.


Un día después de clase y con el sol en su voraz mediodía,

yo podía disfrutar de la niñez cuando me asomaba a su jardín

para compartirle una pequeña moneda discreta,

era la hora del recreo una vista que no se pierde

aún con el sufrimiento de la hora en que ninguno de los dos

estuvo para salvar al otro de su marca infame

que ennegrece a cualquiera que sepa llorar.


Aquí se asoma el presente y habla de nuevas lágrimas por compartir,

yo intento el poema que hable de ella y de mí,

sin que tenga que ver con las glaciaciones del pasado

ni con la angustia enfebrecida de un incierto vuelo solitario,

es que le he fallado como a nadie en esta vida,

y quiero argüir sin demora mi escarmiento,

mi profunda convicción de mejoría.


Pero el viaje aquél siempre se alía con la desdibujada maraña del ahora,

y me conformo con no salir de estas moradas cuatro esquirlas,

aunque den las apresuradas ocho horas de la salida.


Si no en esta ficción de noche,

alguna fría mañana

—lo predigo ahora—

saldrá la hermosa cara del agua que lavará su culpa y la mía

—dos olvidos por no saber vivir—

para fundar la otra cara de la alegría en el páramo

rígido de la cobardía.



MI PADRE
(DEL ADAGIO EN COMPOSICIÓN)


Llegaría en tren justo a las cuatro de la tarde,

ese día no hubo hormigas laboriosas,

sólo un ruido más continuo en la estación.

Mamá llevaba un vestido nuevo,

mi hermano un raspón en la rodilla derecha.

Sin palabras, sólo risas que sostenían el cielo azul.

El mantel era una demostración de fidelidad;

la comida, el respiro de quienes no viven para trascender,

es decir, la verdadera comunión con los alimentos.

Los juegos giraron en notas meditadas,

inscritas en los cuadernos de la edad.

Portarse bien no costaba mínimo afán.

Los pájaros seguían haciendo planes de mudanza,

el calor era una pertinaz mentira.

La risa de mamá se terminaba.

Veía a mi hermano un poco más enterado de los años.

Mi padre no llegaría.

Diciembre se sentía azul, preciso,

sin inconsistencias;

los trenes eran orugas muy deterioradas por los ojos de la espera,

sin embargo cada vez que pasaban se erguía vistosa la bandera familiar.

Mamá se desvanecía, cambió, ganó la mirada de la resignación,

creció muchos años ese día.

Mi hermano anhelaba la llegada de la Navidad,

yo pensaba en por qué no había venido Vero con nosotros.


Un taxi nos depositó en la costumbre.

Creo que mamá no lloró.

Papá no llegó,

luego supimos que el tren que resguardaba había sufrido un accidente.

Mi papá vive aún,

mi hermano está lejos aunque a veces tome o coma conmigo,

de Verónica me pregunto ¿dónde se nos quedó?


lunes, 18 de febrero de 2008

"Le Rayon Vert" (El rayo verde)

Eric Rohmer

domingo, 17 de febrero de 2008

"Manhattan"

Woody Allen

sábado, 16 de febrero de 2008

viernes, 15 de febrero de 2008

miércoles, 13 de febrero de 2008

Stephane Mallarmé

BRISA MARINA

La carne es triste, ¡ay! y he leído todos los libros
¡Huir! ¡Huir lejos! Siento que los pájaros están ebrios
de estar entre la espuma desconocida y los cielos!
Nada, ni los viejos jardines reflejados en los ojos
detendrá a este corazón que se empapa en el mar.
¡Oh, noches! Ni la claridad desierta de mi lámpara
sobre el papel vacío que defiende su blancura
ni la joven muchacha amamantado a su hijo.
¡Yo partiré! ¡Vapor que balanceas tu arboladura
leva el ancla rumbo a una naturaleza exótica!

¡El Aburrimiento, desolado por las crueles esperanzas,
cree todavía en el adiós supremo de los pañuelos!
Y quizás los mástiles inviten a las tempestades
para que un viento se incline sobre los náufragos
perdidos, sin mástiles, sin mástiles, ni islotes fértiles...
Pero, oh, corazón mío, escucha el canto de los marineros!

domingo, 10 de febrero de 2008

"...según Turner."


Joseph Mallord William Turner 1775-1851

viernes, 8 de febrero de 2008

"Tres veces el mar..."




Emil Nolde

miércoles, 6 de febrero de 2008



Poema VI

Que será de mí, todos se juntan:
precipitaciones apoyándose en el agua;
qué será de mí al lado de los pares
que caminan modulándose en la puerta.
Qué será de mí al fondo de las precipitaciones,
en la sala abierta
cayéndose en mí casa;
qué será de mí en las precipitaciones
de la casa llena de sujetos,
por el buen sembrar del lado de las flores...
¿Qué será de ti en las precipitaciones?
en su inmenso, inmenso hueco,
en el cielo irregular del techo suelto,
en el margen, en los mundos de la casa,
y en los fondos de los golpes sobre el margen,
al fondo, en el fin de las precipitaciones...
¿Qué será del fin, del cielo, sol, o de la puerta
que da a un lugar de gente en otra lluvia?
Las mitades y el fin de sus centenas
e incendios de sus campos en ciudades:
tengo flores casadas con el aire,
espíritus de flores sepultadas,
revoltijos enrollándose en el agua
se apoyaron en mí como leones.

"Del estoicismo del animal humano..."


A. Modigliani, Italia. (1884-1920)

lunes, 4 de febrero de 2008

2 poemas de Roberto Juarroz













El corazón más plano de la tierra,
el corazón más seco,
me mostró su ternura.
y yo tuve vergüenza de la mía.

Tuve vergüenza de los himnos largos,
de las constelaciones derramadas,
de los gestos nupciales y espumosos,
de las escarapelas del amor,
de los amaneceres desplomados.

Y también tuve miedo.
Miedo de las palabras que no cantan,
miedo de las imágenes que sobran
cuando tanto ser falta,
miedo de los roedores que se baten
en la iglesia vacía,
miedo de las habitaciones bautismales
que se llenan de águilas.

El corazón más plano de la tierra
me hizo aprender el salto en el abismo
de una sola mirada.


(de QUINTA POESÍA VERTICAL, poema 33)




La vida dibuja un árbol
y la muerte dibuja otro.
La vida dibuja un nido
y la muerte lo copia.
La vida dibuja un pájaro
para que habite el nido
y la muerte de inmediato
dibuja otro pájaro.

Una mano que no dibuja nada
se pasea entre todos los dibujos
y cada tanto cambia uno de sitio.
Por ejemplo:
el pájaro de la vida
ocupa el nido de la muerte
sobre el árbol dibujado por la vida.

Otras veces
la mano que no dibuja nada
borra un dibujo de la serie.
Por ejemplo:
el árbol de la muerte
sostiene el nido de la muerte,
pero no lo ocupa ningún pájaro.

Y otras veces
la mano que no dibuja nada
se convierte a sí misma
en imagen sobrante,
con figura de pájaro,
con figura de árbol,
con figura de nido.

Y entonces, sólo entonces,
no falta ni sobra nada.
Por ejemplo:
dos pájaros
ocupan el nido de la vida
sobre el árbol de la muerte.

O el árbol de la vida
sostiene dos nidos
en los que habita un solo pájaro.

O un pájaro único
habita un solo nido
sobre el árbol de la vida
y el árbol de la muerte.


(de CUARTA POESÍA VERTICAL, poema 1)

MI LUMÍA

Mi lu
mi lubidulia
mi golocidalove
mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma
y descentratelura
y venusafrodea
y me nirvana el suyo la crucis los desalmes
con sus melimeleos
sus eropsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y gormullos
mi lu
mi luar
mi mito
demonoave dea rosa
mi pez hada
mi luvisita nimia
mi lubísnea
mi lu más lar
más lampo
mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio
mi lubella lusola
mi total lu plevida
mi toda lu
lumía.

Oliverio Girondo. De "En la masmédula" (1954)

sábado, 2 de febrero de 2008

"Pensaré en fresas cuando haya eclipses..."




Paul Klee, Suiza. (1879-1940)