miércoles, 13 de febrero de 2008

Stephane Mallarmé

BRISA MARINA

La carne es triste, ¡ay! y he leído todos los libros
¡Huir! ¡Huir lejos! Siento que los pájaros están ebrios
de estar entre la espuma desconocida y los cielos!
Nada, ni los viejos jardines reflejados en los ojos
detendrá a este corazón que se empapa en el mar.
¡Oh, noches! Ni la claridad desierta de mi lámpara
sobre el papel vacío que defiende su blancura
ni la joven muchacha amamantado a su hijo.
¡Yo partiré! ¡Vapor que balanceas tu arboladura
leva el ancla rumbo a una naturaleza exótica!

¡El Aburrimiento, desolado por las crueles esperanzas,
cree todavía en el adiós supremo de los pañuelos!
Y quizás los mástiles inviten a las tempestades
para que un viento se incline sobre los náufragos
perdidos, sin mástiles, sin mástiles, ni islotes fértiles...
Pero, oh, corazón mío, escucha el canto de los marineros!