lunes, 31 de marzo de 2008
sábado, 29 de marzo de 2008
lunes, 24 de marzo de 2008
viernes, 21 de marzo de 2008
José Asunción Silva. Nocturno III.
Una noche
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
a mi lado lentamente, contra mí ceñida toda, muda y pálida,
como si un presentimiento de amarguras infinitas
hasta el más secreto fondo de las fibras te agitara,
por la senda florecida que atraviesa la llanura
caminabas,
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
y tu sombra
esbelta y ágil,
fina y lánguida,
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectadas,
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban,
y eran una,
y eran una,
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!...
Esta noche
solo; el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma por el tiempo, por la tumba y la distancia,
por el infinito negro
donde nuestra voz no alcanza,
mudo y solo
por la senda caminaba...
y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida,
y el chillido
de las ranas...
Sentí frío; era el frío que tenían en tu alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
entre las blancuras níveas
de las mortuorias sábanas,
era el frío del sepulcro, era el hielo de la muerte
era el frío de la nada...
Y mi sombra,
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola,
iba sola,
iba sola por la estepa solitaria.
Y tu sombra esbelta y ágil
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de murmullos de perfumes y de músicas de alas,
se acercó y marchó con ella
se acercó y marchó con ella...
se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras de los cuerpos que se juntan con las sombras de las almas...!
¡Oh las sombras que se buscan en las noches de tristezas y de lágrimas!...
domingo, 16 de marzo de 2008
Al principio, son como instancias mínimas...
Al principio, son como instancias mínimas tramando,
maravilloso en primavera, pues la primer hoja en el árbol
es el movimiento inicial, la instancia fija,
la piel del tallo suspendida y presiento
que será el fin fabuloso de las hojas.
La primavera esperando con su busto verde,
y la vaca en tierra rígida asomando
su pesado verbo herbívoro y
sus ojos, sus ojos,
grandes y redondos pétalos rodeando
el maravilloso fin
de la fascinación dormida de la carne
verde, de sus pétalos en llamas, del incendio
de los minúsculos tejidos del ganado,
y de los límites del campo. Presiento
la interacción sostenida de la sangre
y el malabar de los tiempos todos
asomando por el tallo de la hoja,
ennegreciendo la ternura de su busto,
el maravilloso fin
de la fascinación dormida de la carne
a solas, por la negra envergadura de su sangre
seca, por los confines y los términos de instancias
fijas,
por los ojos del ganado todo,
por el amarillo incendio de las hojas.
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sábado, 15 de marzo de 2008
viernes, 14 de marzo de 2008
miércoles, 12 de marzo de 2008
San Juan de la Cruz
Canciones entre el Alma y el Esposo.
ESPOSA:
¿A dónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.
Pastores los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vieres
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.
Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas,
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.
PREGUNTA A LAS CRIATURAS:
¡Oh, bosques y espesuras,
plantadas por la mano del Amado,
oh, prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado!
RESPUESTA DE LAS CRIATURAS:
Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura,
vestidos los dejó de hermosura.
ESPOSA:
¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero.
Y todos cuantos vagan,
de ti me van mil gracias refiriendo
y todos más me llagan,
y déjame muriendo
uno no sé qué que quedan balbuciendo.
Mas, ¿cómo perseveras,
oh, vida, no viviendo donde vives,
y haciendo porque mueras,
las flechas que recibes,
de lo que del Amado en ti concibes?
¿Por qué, pues has llegado
a aqueste corazón, no le sanaste?
y pues me lo has robado,
¿por qué así le dejaste,
y no tomas el robo que robaste?
Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y veánte mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos.
Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor que no se cura
sino con la presencia y la figura.
¡Oh, cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados,
formases de repente
los ojos deseados,
que tengo en mis entrañas dibujados!
Apártalos, Amado,
que voy de vuelo.
Etiqueta: Letras españolas
Félix Lope de Vega y Carpio
Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma e ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;
arder como la vela y consumirse
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo y ser demonio en pena
y de serlo jamás arrepentirse;
hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada, sobre fe, paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;
creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma y en la vida infierno.
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martes, 11 de marzo de 2008
lunes, 10 de marzo de 2008
Juana de Ibarbourou
1.
VIDA - GARFIO
Amante: no me lleves, si muero al camposanto
A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente
alboroto divino de alguna pajarera
o junto a la encantada charla de alguna fuente
A flor de tierrra, amante. Casi sobre la tierra,
donde el sol me caliente los huesos, y mis ojos,
alargados en tallos, suban a ver de nuevo
la lámpara salvaje de los ocasos rojos.
A flor de tierra, amante. Que el tránsito así sea
más breve. Yo presiento
la lucha de mi carne por volver hacia arriba,
por sentir en sus átomos la frescura del viento.
Yo se que acaso nunca allá abajo mis manos
podrán estarse quietas.
Que seimpre como topos arañarán la tierra
en medio de las sombras estrujadas y prietas.
Arrójame semillas. Yo quiero que se enraícen
en la greda amarilla de mis huesos menguados.
Por la parda escalera de las raices vivas
Yo subiré a mirarte en los lirios morados .
2.
COMO LA PRIMAVERA
Como un ala negra tendí mis cabellos
sobre tus rodillas.
Cerrando los ojos su olor aspiraste
diciéndome luego:
-¿Duermes sobre piedras cubiertas de musgos?
¿Con ramas de sauces te atas las trenzas?
¿Tu almohada es de trébol? ¿Las tienes tan negras
porque acaso en ellas exprimiste un zumo
retinto y espeso de moras silvestres?
¡Qué fresca y extraña fragancia te envuelve!
Hueles a arroyuelos, a tierra y a selvas.
¿Qué perfume usas? Y riendo le dije:
-¡Ninguno, ninguno!
Te amo y soy joven, huelo a primavera.
Este olor que sientes es de carne firme,
de mejillas claras y de sangre nueva.
¡Te quiero y soy joven, por eso es que tengo
las mismas fragancias de la primavera!
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domingo, 9 de marzo de 2008
Cómo hay tanta paciencia en el mundo sólo me lo explico cuando veo cuanta muerte hay y cómo a menudo la vida misma tiene dentro de sí más muerte que vida, y sólo es vida para mantener impávida a esa muerte y evitar que vaya a reunirse con el resto. Friedrich Nietzsche
SOBRE CÓMO TERMINÓ CONVIRTIÉNDOSE EN FÁBULA EL «MUNDO VERDADERO» Historia de un error.
1. El mundo verdadero es asequible al sabio, al virtuoso; él es quien vive en ese mundo, quien es ese mundo.
(Esta es la forma más antigua de la Idea, relativamente, simple y convincente. Se trata de una trascripción de la tesis: «yo, Platón, soy la verdad».)
2. El mundo verdadero no es asequible por ahora, pero ha sido prometido al sabio, al piadoso, al virtuoso («al pecador que hace penitencia»).
(La Idea ha progresado, se ha hecho más sutil, más capciosa, más difícil de entender, y se ha afeminado , se ha hecho cristiana...).
3. El mundo verdadero no es asequible ni demostrable ni puede ser prometido, pero, por el hecho de que se pueda pensar, constituye un consuelo, una obligación, un imperativo.
(El antiguo sol sigue alumbrando al fondo, aunque se le ve a través de la neblina y del escepticismo; la Idea ha sido sublimada, se ha vuelto pálida, nórdica, koenigsburguense.)
4. ¿Es inasequible el mundo verdadero? En cualquier caso, no lo hemos alcanzado, y por ello nos es también desconocido. En consecuencia no puede servirnos de consuelo, ni de redención, ni de obligación. ¿A qué nos podría obligar algo desconocido?
(Mañana gris. Primer bostezo de la razón. Canto del gallo del positivismo.)
5. El «mundo verdadero» es una Idea que ya no sirve para nada, que ya ni siquiera obliga, una Idea que se vuelto inútil, superflua; en consecuencia es una Idea que ha sido refutada: eliminémosla.
(Día claro; desayuno, vuelta del sentido común y de la serenidad alegre; Platón se pone rojo de vergüenza y todos los espíritus libres arman un ruido de mil demonios.)
6. Hemos eliminado el mundo verdadero: ¿qué mundo ha quedado? ¿el aparente...? ¡no!, al eliminar el mundo verdadero hemos eliminado también el aparente .
(Mediodía; instante de la más breve sombra; fin del más largo error; punto culminante de la humanidad; comienza Zaratustra.)
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sábado, 8 de marzo de 2008
jueves, 6 de marzo de 2008
Oscar Wilde (II)
Los dioses me lo habían dado casi todo. Tenía genialidad, un apellido distinguido, posición social elevada, brillantez, osadía intelectual; hacía del arte una filosofía, y de la filosofía un arte; alteraba las mentes de los hombres y los colores de las cosas; no había nada que dijera o hiciera que no causara asombro; tomé el teatro, la forma más objetiva que conoce el arte, y lo convertí en un modo de expresión tan personal como la canción o el soneto, a la vez que ensanchaba su radio y enriquecía su caracterización; teatro, novela, poema en rima, poema en prosa, diálogo sutil o fantástico, todo lo que tocaba lo hacía hermoso con un género nuevo de hermosura; a la verdad misma le di lo falso no menos que lo verdadero como legítimos dominios, y mostré que lo falso y lo verdadero no son sino formas de existencia intelectual. Traté el Arte como la realidad suprema, y a la vida como un mero modo de ficción; desperté la imaginación de mi siglo de suerte que crease mito y leyenda alrededor de mí; resumí todos los sistemas en una frase, y toda la existencia en una agudeza.
Junto con esas cosas, tenía otras distintas. Me dejaba arrastrar a largas rachas de indolencia sensual y sin sentido. Me divertía ser un fláneur, un dandy, un personaje mundano. Me rodeaba de naturalezas mezquinas y de mentes inferiores. Vine a ser el derrochador de mi propio genio, y malbaratar una juventud eterna que me proporcionaba un curioso gozo. Cansado de estar en las alturas, iba deliberadamente a las bajuras en busca de nuevas sensaciones. Lo que la paradoja era para mí en la esfera del pensamiento, eso vino a ser la perversidad en la esfera de la pasión. El deseo, al final, era una enfermedad, o una locura, o ambas cosas. Me hice desatento a las vidas de los demás. Tomaba el placer donde me placía y seguía de largo. Olvidé que cada pequeña acción de cada día hace o deshace el carácter, y que por lo tanto lo que uno ha hecho en la cámara secreta lo tiene que vocear un día desde los tejados. Dejé de ser Señor de mí mismo. Ya no era el Capitán de mi Alma, y no lo sabía.
(…)
Todavía tienes que aprender que la prosperidad, el placer y el éxito pueden ser de grano grosero y fibra vulgar, pero que el dolor es la más sensible de todas las cosas creadas. Nada se mueve en el mundo del pensamiento sin que el dolor responda a ello con pulsaciones infinitamente terribles y exquisitas. La trémula hoja de oro batido que registra la dirección de las fuerzas que el ojo no puede percibir, es grosera en comparación. El dolor es una herida que sangra en cuanto toda otra mano que la del amor la toca, y aún entonces sangra, aunque no sea de sufrimiento.
(…)
Tras la Alegría y la Risa puede haber un temperamento grosero, duro y encallecido. Pero tras el Dolor siempre hay Dolor. La Pena, a diferencia del Placer, no lleva mascara. La verdad en el Arte no es ninguna correspondencia entre la idea esencial y la existencia accidental; no es la semejanza de figura y sombra, ni de la forma reflejada en el cristal y la forma misma; no es ningún Eco que baje de la oquedad de un monte, como no es el pozo de agua de plata en el valle que muestra la Luna a la Luna y Narciso a Narciso. La verdad en el Arte es la unidad de la cosa consigo misma; lo exterior hecho expresivo de lo interior; el alma encarnada; el cuerpo movido por el espíritu. Por eso no hay verdad comparable al Dolor. Hay momentos en que el Dolor me parece ser la única verdad. Otras cosas podrán ser ilusiones de la vista o del apetito, hechas para cegar lo uno y empachar lo otro, pero con el Dolor se han construido mundos, y en el nacimiento de un niño o de una estrella hay dolor.
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miércoles, 5 de marzo de 2008
"Diarios"
4 de enero de 2008, viernes.
Sufro de una manera muy particular de tensión nerviosa. Si alguien que está rondando en la casa, si cualquier recién llegado, o cualquier objeto, como una cartera o una bicicleta apoyada en la puerta, se me cruza en el camino, entonces se produce una alerta exasperante, sobre todo en el pecho y cierta parte de la cara (yo he pensado en un inquieto retorcijón amarillo) que se mueve con el ruido de las puertas, o con el ruido de pasos que caen desde arriba. Ahora ha comenzado a detenerse cuando logro entrar al cuarto y permanecer en silencio. En los días anteriores me he visto obligado a salir, a deambular. Huyendo del pánico caminé durante cuadras y bajé las escaleras hasta un sitio desconocido para mi, muy semejante a una playa; luego volví, me encerré nuevamente y me acosté boca abajo en la cama buscando dormir.
El hombre no es necesario en las calles, en la intemperie solamente calcula al número que cifra, menciona al objeto que levanta, y más tarde se habla a si mismo al lado suyo repitiéndose con insistencia la palabra “brazo”. ¿Pero dónde pudo esconder el brazo el hombre para poder hundir sus dos brazos en el fuego? ¿Si pudo hundir sus dos brazos en el fuego, cómo es que aquel otro no ha salido? ¿No es evidente acaso que no se trata más que de dos brazos?, ¿por qué existiría un brazo extra en la intemperie? Si fuera así que sucediera, ¿a dónde iría el hombre después de curar del fuego?, ¿a dónde se fue, si se ha ido, si es que está convaleciendo todavía? Deambular lleva a otro terreno que lleva a otro sitio que lleva a otro sitio... El hombre no puede ser necesario en la intemperie. El hombre no debe calentarse caminando, el planeta no debe calentarse con el hombre: el hombre debe amarse dentro. Pero el hombre tampoco es necesario en las profundidades.
Me acerco continuamente hasta la ventana para fumar un cigarrillo; ya es la tercera vez en diez minutos. Lo único que puede liberarme de esta obsesión es tomarme un ómnibus esta tarde y ya no regresar de nuevo hasta la noche; durante toda la mañana he estado considerando salir, pero nos sabría a dónde, ni para qué, ¿para entrar a dónde después de salir? Hay un sol fuerte, y no hace demasiado calor, sin embargo el aire aparenta estar irrespirable, y solo la idea de salir ya me representa un esfuerzo sobrehumano.
8 de enero, martes.
“Noah” significa lugar de protección y de descanso. Cuando salí del ciber café de Paulie, y tuve que recoger mis cosas, abandonar mi casa y volverme a Maldonado, durante varios meses me entregué a una salvación sin pretensiones que estuve buscando en cualquier lugar que sugiriera alojarla. Si me hubiesen invitado a fermentar al sol o a caminar medio continente en busca de Cristo, yo hubiese salido sin más pertenencias que las que llevaba puestas a internarme en el propósito como en la búsqueda desquiciada de un candado que no cierra. Ese candado, en mi obstinación, era semejante a una llave. Esa llave, por otra parte, era la puerta cerrada que la humanidad no había sabido manipular correctamente: debía arrojarse esa puerta sobre otra hasta hacer quebrar los corredores y escapar del Noha; había que, bajo cualquier esfuerzo, huir nuevamente al movimiento. Noah es el sitio donde Dios ha plantado a los hombres para clavarlos lejos del placer del movimiento; enterrados afuera de la actividad mental, absorbidos por misiones inmediatas puestas encima y debajo de la vegetación, los hombres enloquecen dando vueltas alrededor de un árbol.
Con el tiempo la caminata me agotó, y sospeché que estaba perdido. No se trataba de un corredor finito: el Noha se expandía a cada hora dos metros más allá de su espejismo. ¡Era como estar encerrado en un desierto! Busqué puertas en las dunas y no hallé nada. Me enloquecieron las sombras en la arena: eran sitios que me esperanzaban puesto que provenían de unas gigantescas elevaciones que yo veía desde lejos, pero al llegar eran figuras imposibles, cuerpos de seres humanos sin torsos ni cabezas. En el Noha abusaron de mis brazos hasta hacerme perder cualquier noción del resto de mi cuerpo. Cada tarde vagué por el desierto infructuosamente, y cada noche se me hacía más y más difícil pensar en las puertas, los candados, las llaves: sin darme cuenta cómo me hallaba de pronto involucrado en otro modo de figuración, mucho más simple y cerrado que aquel otro de mis imaginaciones y aun más hondo en sus cementos. Estas identidades, estas clases, estos adjetivos y vocablos. Yo había pensado en puertas y llaves, en estrechos corredores que permitían doblar sus significados hasta golpear el primer logos del planeta, y en la boca a afuera, en la entrada salvaje al movimiento, derrumbar los edificios de la vegetación, la piedra de la savia, la tinta verde chorreando a Dios del Universo al fin para comenzar la caminata en los pies del hombre. Y así en su torso, su cabeza, su mano.
Pronto se cruzó en mi deambular un calor oscuro que jamás había percibido antes; llegué a pensar, en mi resignación, que era tan solo una variante más de las dimensiones habituales. Muerto de cansancio caí en un sueño horrendo; me desperté más tarde con un dolor seco en el pecho y sudando como un cerdo por el aire caliente. Todos avanzamos. Fui a parar a otro terreno que llevaba a otro sitio que llevaba a otro sitio... Y el desierto, por si mismo, remontó un viento salvaje que echó a volarlo todo. Cuando desperté estaba dentro de un pozo sin figuraciones, sin imágenes posibles, sin sonidos ni conceptos.
Agotado, no pudiendo hallar referencia alguna a lo que sucedía, cerré los ojos y me dormí otra vez.
Con el tiempo, yo creo que accidentalmente, luego de despertar y volver a dormirme cada cierto lapso, vine a emerger en esta casa. Me asombré al observar, ha medida que la recorría (estamos hablando de más de 14 cuartos), que las paredes, según la habitación y la hora, sustituían sus colores gradualmente de claro a oscuro. Sucede que cuando por ejemplo a las nueve de la mañana en la habitación principal predominaba el color violeta, en las laterales (las que siguen la hilera del primer baño) el que guardaba mayor presencia era el amarillo. Nunca sucedió, sin embargo, que a la hora siguiente el amarillo diera lugar al blanco ni el violeta al azul. Aunque ninguna habitación sostuviera una coordinación conjunta en relación a las otras, cada cual seguía un mismo camino en línea recta que más tarde se reiniciaba al llegar al negro. A las doce de la noche (por pensar en una hora en la cual considerar que finaliza el día) cada habitación era dominada por un color distinto. Tampoco se repetía, a las tres de la tarde del día siguiente, el mismo color de las tres de la tarde del día anterior. Salvo por la gradación de claro a oscuro en que parecían funcionar todas ellas –único patrón que pude resolver–, el tiempo en que cada una permanecía en un color, los diferentes tonos del mismo color alrededor del cuarto, la velocidad de los ciclos, los motivos de todo eso, aparentaban un capricho que decidí renunciar a entender, pues me producía angustia, y mi inseguridad crecía a cada minuto que pasaba.
Etiqueta: La Voz
martes, 4 de marzo de 2008
Victor Hugo
Sale al campo el poeta; allí admira y adora
escuchando la lira que en su pecho resuena;
cuando ven que se acerca, hete aquí que las flores,
las que pálido dejan el color del rubí,
más vistosas incluso que los pavos reales,
o, doradas o azules, las minúsculas flores,
le reciben moviendo en el aire sus tallos,
se ensimisman, coquetas, sin dejar de mirarlo,
y, beldades al fin, dando cierta confianza.
—Mira, dicen, ahí viene quien suspira por vernos.
Y entre luces y sombras, y entre voces confusas,
esos árboles altos habitantes del bosque,
cual profundos ancianos, arces, tejos y tilos,
sauces llenos de arrugas, venerables encinas,
olmos negros con musgo que se pega a su cuerpo,
como ulemas sumisos al pasar el muftí ,
le saludan rendidos inclinando hasta el suelo
sus cabezas de fronda y sus barbas de hiedra
contemplando su frente de fulgores serenos
y susurran: ¡Es él! ¡Es aquel soñador!
Etiqueta: Letras francesas
lunes, 3 de marzo de 2008
domingo, 2 de marzo de 2008
Herman Melville
Ésta, compañeros, es la otra lección; y ¡ay de aquel piloto del Dios viviente que la desprecie! ¡Ay de aquel a quien el mundo con sus encantos le aparte del deber evangélico! ¡Ay de aquel que trate de echar aceite en las aguas cuando Dios las ha hecho hervir en una galerna! ¡Ay de aquel que trate más de agradar que de horrorizar! ¡Ay de aquel que, en este mundo, no pretenda deshonor! ¡Ay de aquel que no sea sincero cuando ser falso sea la salvación! ¡Sí, ay de aquel que, como dijo el gran Piloto Pablo, mientras predica a los demás es él mismo un réprobo! Se desplomó y se hundió en sí mismo por un momento; luego, volviendo a alzar la cara hacia ellos, mostró en sus ojos un gozo profundo, y exclamó con entusiasmo celeste: - Pero ¡oh, compañeros!, a estribor de toda aflicción, hay un gozo seguro; y la cofa de ese gozo es más alta de lo que es de profundo el fondo de la aflicción. La altura de la perilla, ¿no es mayor que la profundidad de la sobrequilla? El gozo -un gozo muy alto, muy alto y muy entrañable- es para aquel que, frente a los orgullosos dioses y comodoros de esta tierra, siempre mantiene su propia persona inexorable. El gozo es para aquel cuyos recios brazos todavía le sostienen cuando el navío de este vil y traidor mundo se ha hundido bajo sus pies. El gozo es para aquel que no da cuartel en la verdad, y mata, quema y destruye todo pecado, aunque tenga que sacarlo de debajo de las togas de senadores y jueces. El gozo, gozo hasta el tope del mástil, es para aquel que no reconoce ley ni señor sino al Señor su Dios, y que sólo es patriota del Cielo. El gozo es para aquel a quien todas las olas de los mares de la multitud estrepitosa jamás pueden arrancar de su segura Quilla de las Edades. Y tendrá eterno gozo y delicia aquel que cuando repose pueda decir con su, último aliento: “¡Oh, Padre! a quien reconozco sobre todo por tu vara; mortal o inmortal, aquí muero. Me he esforzado por ser tuyo, más que por ser de este mundo, o por ser mío. Pero eso no es nada, te dejo a ti la eternidad; pues ¿qué es el hombre para que viva toda la edad de Dios?”.
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