viernes, 28 de diciembre de 2007

Charles Baudelaire

de "I"

Cohetes.

El amor es el gusto por la prostitución. No hay ni siquiera un placer noble que no pueda ser vinculado a la prostitución. En un espectáculo, en un baile, cada uno goza de todos. ¿Qué es el arte? Prostitución.

El amor puede derivar de un sentimiento generoso: el gusto por la prostitución; pero pronto es corrompido por el gusto por la propiedad. El amor quiere salir de si, confundirse con su víctima, como el vencedor con el vencido, y sin embargo quiere conservar privilegios de conquistador.
Las voluptuosidades de quien mantiene una mujer participan a la vez del ángel y del propietario. Caridad y ferocidad. Ambas independientes del sexo, de la belleza y del género animal.

Las tinieblas verdes de las noches húmedas de la bella estación.

de "III"

Cohetes.

Creo que ya escribí en mis notas que el amor se parece mucho a la tortura o a una operación quirúrgica. Pero esta idea puede ser desarrollada del modo más amargo. Aun cuando los dos amantes estuvieran muy enamorados y muy llenos de deseos recíprocos, uno de los dos estará siempre más tranquilo, o menos poseido que el otro. Ése, o ésa, es el operador o el verdugo; el otro es el sujeto, la víctima. ¿Escucháis esos suspiros, preludios de una tragedia de deshonra, esos gemidos, esos gritos, esos estertores? ¿Quién no los ha proferido, quién no los ha irresistiblemente arrancado? ¿Y qué encontráis peor que eso en la tortura aplicada por cuidadosos torturadores? Esos ojos: extraviados de sonámbulo, esos miembros cuyos músculos se sacuden y se contraen como bajo la acción de una pila electrónica, ni la embriguez, ni el delirio, ni el opio en sus más furiosos resultados, os ofrecerán por cierto, tan espantosos, tan curiosos ejemplos. Y el rostro humano, que Ovidio creía hecho para reflejar los astros, helo aqui que no expresa más que una ferocidad loca, o que se distiende en una especie de muerte. Porque, ciertamente, yo creía cometer un sacrilegio aplicando la palabra éxtasis a esta especie de descomposición.

¡Espantoso juego en el que es necesario que uno de los jugadores pierda el gobierno de si mismo!

Una vez preguntaron delante de mi en qué consistia el mayor placer del amor. Alguien repondió naturalmente: en recibir, y otro: en darse. Este dijo: "¡placer de orgullo!", y aquel "¡voluptuosidad de humillación!". Todos estos cerdos hablaban como la Imitación de Cristo. Al fin apareció un impúdico utopista que afirmo que el mayor placer del amor era el de formar ciudadanos para la patria.

Por mi parte, y digo: la voluptuosidad única y suprema del amor consiste en la certidumbre del mal. El hombre y la mujer saben, de nacimiento, que toda voluptuosidad se encuentra en el mal.


Diarios íntimos (1859-1866)

IMAGENES DE PRIMAVERA - UTAMARO


lunes, 24 de diciembre de 2007

Federico García Lorca


LA VACA


Se tendió la vaca herida;
Árboles y arroyos trepaban por sus cuernos.
Su hocico sangraba en el cielo.

Su hocico de abejas
bajo el bigote lento de la baba.
Un alarido blanco puso en pie la mañana.

Las vacas muertas y las vivas,
rubor de luz o miel de establo,
balaban con los ojos entornados.

Que se enteren las raíces
y aquel niño que afila su navaja
de que ya se pueden comer la vaca.

Arriba palidecen
luces y yugulares.
Cuatro pezuñas tiemblan en el aire.

Que se entere la luna
y esa noche de rocas amarillas:
que ya se fue la vaca de ceniza.

Que ya se fue balando
por el derribo de los cielos yertos
donde meriendan muerte los borrachos.


Poeta en Nueva York (1929-1930)


TU INFANCIA EN MENTON

Sí, tu niñez ya fábula de fuentes.
JORGE GUILLÉN.

Sí, tu niñez, ya fábula de fuentes.
El tren y la mujer que llena el cielo.
Tu soledad esquiva en los hoteles
y tu máscara pura de otro signo.
Es la niñez del mar y tu silencio
donde los sabios vidrios se quebraban.
Es tu yerta ignorancia donde estuvo
mi torso limitado por el fuego.
Norma de amor te di, hombre de Apolo,
llanto con ruiseñor enajenado,
pero, pasto de ruina, te afilabas
para los breves sueños indecisos.
Pensamiento de enfrente, luz de ayer,
índices y señales del acaso.
Tu cintura de arena sin sosiego
atiende sólo rastros que no escalan.
Pero yo he de buscar por los rincones
tu alma tibia sin ti que no te entiende,
con el dolor de Apolo detenido
con que he roto la máscara que llevas.
Allí, león, allí, furia del cielo,
te dejaré pacer en mis mejillas;
a11í, caballo azul de mi locura,
pulso de nebulosa y minutero,
he de buscar las piedras de alacranes
y los vestidos de tu madre niña,
llanto de media noche y paño roto
que quitó luna de la sien del muerto.
Sí, tu niñez, ya fábula de fuentes.
Alma extraña de mi hueco de venas,
te he de buscar pequeña y sin raíces.
¡Amor de siempre, amor, amor de nunca!
¡Oh, sí! Yo quiero. ¡Amor, amor! Dejadme.
No me tapen la boca los que buscan
espigas de Saturno por la nieve
o castran animales por un cielo,
clínica y selva de la anatomía.
Amor, amor, amor. Niñez del mar.
Tu alma tibia sin ti que no te entiende.
Amor, amor, un vuelo de la corza
por el pecho sin fin de la blancura.
Y tu niñez, amor, y tu niñez.
El tren y la mujer que llena el cielo.
Ni tú, ni yo, ni el aire, ni las hojas.
Sí, tu niñez ya fábula de fuentes.


Poeta en Nueva York (1929-1930)

domingo, 23 de diciembre de 2007

sábado, 22 de diciembre de 2007

Franz Kafka (II)

Preocupaciones de un padre de familia.
Algunos dicen que la palabra «odradek» precede del esloveno, y sobre esta base tratan de establecer su etimología. Otros, en cambio, creen que es de origen alemán, con alguna influencia del esloveno. Pero la incertidumbre de ambos supuestos despierta la sospecha de que ninguno de los dos sea correcto, sobre todo porque no ayudan a determinar el sentido de esa palabra.
Como es lógico, nadie se preocuparía por semejante investigación si no fuera porque existe realmente un ser llamado Odradek. A primera vista tiene el aspecto de un carrete de hilo en forma de estrella plana. Parece cubierto de hilo, pero más bien se trata de pedazos de hilo, de los tipos y colores más diversos, anudados o apelmazados entre sí. Pero no es únicamente un carrete de hilo, pues de su centro emerge un pequeño palito, al que está fijado otro, en ángulo recto. Con ayuda de este último, por un lado, y con una especie de prolongación que tiene uno de los radios, por el otro, el conjunto puede sostenerse como sobre dos patas.
Uno siente la tentación de creer que esta criatura tuvo, tiempo atrás, una figura más razonable y que ahora está rota. Pero éste no parece ser el caso; al menos, no encuentro ningún indicio de ello; en ninguna parte se ven huellas de añadidos o de puntas de rotura que pudieran darnos una pista en ese sentido; aunque el conjunto es absurdo, parece completo en sí. Y no es posible dar más detalles, porque Odradek es muy movedizo y no se deja atrapar.
Habita alternativamente bajo la techumbre, en escalera, en los pasillos y en el zaguán. A veces no se deja ver durante varios meses, como si se hubiese ido a otras casas, pero siempre vuelve a la nuestra. A veces, cuando uno sale por la puerta y lo descubre arrimado a la baranda, al pie de la escalera, entran ganas de hablar con él. No se le hacen preguntas difíciles, desde luego, porque, como es tan pequeño, uno lo trata como si fuera un niño.
-¿Cómo te llamas? -le pregunto.
-Odradek -me contesta.
-¿Y dónde vives?
-Domicilio indeterminado -dice y se ríe. Es una risa como la que se podría producir si no se tuvieran pulmones. Suena como el crujido de hojas secas, y con ella suele concluir la conversación. A veces ni siquiera contesta y permanece tan callado como la madera de la que parece hecho.
En vano me pregunto qué será de él. ¿Acaso puede morir? Todo lo que muere debe haber tenido alguna razón de ser, alguna clase de actividad que lo ha desgastado. Y éste no es el caso de Odradek. ¿Acaso rodará algún día por la escalera, arrastrando unos hilos ante los pies de mis hijos y de los hijos de mis hijos? No parece que haga mal a nadie; pero la idea de que pueda llegar a sobrevivirme me resulta casi dolorosa.


martes, 18 de diciembre de 2007

PICASSO

lunes, 17 de diciembre de 2007

EL ARTE DE OFENDER



Los uruguayos percibimos el color menguado en sus propiedades expresivas. Nuestros cuadros exhiben esta situación explícitamente. Un uruguayo en el MOMA es inmediatamente discernible del resto por su extraña necesidad de colocarse gafas oscuras frente a ejemplares fauves o varias de las piezas post-impresionistas allí exhibidas. Esto se debe a la natural propensión del uruguayo de subordinar el color a las habilidades constructivas del pintor. Un Soutine le propone una irritación retiniano-intelectual tal que varios museos europeos han dispuesto advertencias y carteles varios prohibiendo el ingreso de uruguayos a sus establecimientos. La inclinación flemática del uruguayo por la pintura tonal, contenida y medida en sus relaciones cromáticas al servicio del armonioso diseño y la construcción severa le han granjeado una oscura fama entre las naciones promotoras del color como sumo valor expresivo y dador de forma y ritmo.
Luego el pintor uruguayo es un individuo sumamente peligroso, sus nervios tensamente comprimidos en teorías auspiciantes de la regularidad rítmica, simetrías y proporción Áurea, suelen desatarse de las maneras mas violentamente escandalosas (un episodio ejemplar de estos arrebatos puede señalarse en el incendio del museo de San Pablo mientras se exhibía allí buena parte de la obra del maestro J.T.G).
La ancestral rivalidad con el pintor español de finales del s. XX encuentra su cardinal fundamento en la herencia sumisamente recibida de la ultima frenética pintura del maestro Picasso, los uruguayos unánimemente conceden el merecido valor que involucra el talento e inteligencia constructiva del genial malagueño, más no ha sido unánime el dictamen respecto de su manejo del color en su obra madura. Las generaciones posteriores al malagueño han priorizado inocentemente ese bárbaro, salvaje proceder pictórico produciendo irritaciones desmedidas en los exploradores uruguayos (exceptuando el caso de los pintores canarios a los que se tiene en gran estima a pesar de su abuso del óleo negro y la nada simpática aparición de huellas de pies en la superficie de sus cuadros ). El pintor uruguayo y el español se odian acérrimamente, si este odio no ha reventado en una masacre memorable es por la manera en que un tácito pacto los aguanta hasta la desaparición de su conjunto enemigo desvergonzado: el pintor chileno. La completa supresión de la actividad pictórica en territorio chileno es propósito común de ambas naciones. Esta alianza recoge su justificación en las infames invasiones chilenas a museos paraguayos donde han pretendido establecer una base de influencia que termine por teñir el vasto territorio sudamericano de la desigual e inorgánica obra del pintor chileno. A España sobran razones para el inmediato cese de la propagación diletante de esta pintura mientras que el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay ha subordinado el impuesto de educación a las costosas escaramuzas de hordas de pintores instruidos en la fe constructivista que dos veces al año se desplazan a Paraguay armados con oleos blanco y negro 120ml y dos pinceles afín de bajar el tono de la estridente e invasiva pintura chilena. El gobierno de España (con posibilidades financieras mas opulentas) dispone tropas de pintores cuya tarea no es ya modificar el tono sino organizar en la medida de lo posible las relaciones cromáticas de la pintura chilena de acuerdo a su máximo potencial expresivo (según la ideología pictórica del estado español, claro esta).
La nación paraguaya contempla estos enfrentamientos impotente dado su inoperante estilo pictórico heredado de las tradiciones textiles guaraníes.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Franz Kafka

Un viejo manuscrito
Podría decirse que el sistema de defensa de nuestra patria adolece de serios defectos. Hasta el momento no nos hemos ocupado de ellos sino de nuestros deberes cotidianos; pero algunos acontecimientos recientes nos inquietan.

Soy zapatero remendón; mi negocio da a la plaza del palacio imperial. Al amanecer, apenas abro mis ventanas, ya veo soldados armados, apostados en todas las bocacalles que dan a la plaza. Pero no son soldados nuestros; son, evidentemente, nómades del Norte. De algún modo que no llego a comprender, han llegado hasta la capital, que, sin embargo, está bastante lejos de las fronteras. De todas maneras, allí están; su número parece aumentar cada día.

Como es su costumbre, acampan al aire libre y rechazan las casas. Se entretienen en afilar las espadas, en aguzar las flechas, en realizar ejercicios ecuestres. Han convertido esta plaza tranquila y siempre pulcra en una verdadera pocilga. Muchas veces intentamos salir de nuestros negocios y hacer una recorrida para limpiar por lo menos la basura más gruesa; pero esas salidas se tornan cada vez más escasas, porque es un trabajo inútil y corremos, además, el riesgo de hacernos aplastar por sus caballos salvajes o de que nos hieran con sus látigos.
Es imposible hablar con los nómades. No conocen nuestro idioma y casi no tienen idioma propio. Entre ellos se entienden como se entienden los grajos. Todo el tiempo se escucha ese graznar de grajos. Nuestras costumbres y nuestras instituciones les resultan tan incomprensibles como carentes de interés. Por lo mismo, ni siquiera intentan comprender nuestro lenguaje de señas. Uno puede dislocarse la mandíbula y las muñecas de tanto hacer ademanes; no entienden nada y nunca entenderán. Con frecuencia hacen muecas; en esas ocasiones ponen los ojos en blanco y les sale espuma por la boca, pero con eso nada quieren decir ni tampoco causan terror alguno; lo hacen por costumbre. Si necesitan algo, lo roban. No puede afirmarse que utilicen la violencia. Simplemente se apoderan de las cosas; uno se hace a un lado y se las cede.

También de mi tienda se han llevado excelentes mercancías. Pero no puedo quejarme cuando veo, por ejemplo, lo que ocurre con el carnicero. Apenas llega su mercadería, los nómades se la llevan y la comen de inmediato. También sus caballos devoran carne; a menudo se ve a un jinete junto a su caballo comiendo del mismo trozo de carne, cada cual de una punta. El carnicero es miedoso y no se atreve a suspender los pedidos de carne. Pero nosotros comprendemos su situación y hacemos colectas para mantenerlo. Si los nómades se encontraran sin carne, nadie sabe lo que se les ocurriría hacer; por otra parte, quien sabe lo que se les ocurriría hacer comiendo carne todos los días.

Hace poco, el carnicero pensó que podría ahorrarse, al menos, el trabajo de descuartizar, y una mañana trajo un buey vivo. Pero no se atreverá a hacerlo nuevamente. Yo me pasé toda una hora echado en el suelo, en el fondo de mi tienda, tapado con toda mi ropa, mantas y almohadas, para no oír los mugidos de ese buey, mientras los nómades se abalanzaban desde todos lados sobre él y le arrancaban con los dientes trozos de carne viva. No me atreví a salir hasta mucho después de que el ruido cesara; como ebrios en torno de un tonel de vino, estaban tendidos por el agotamiento, alrededor de los restos del buey.

Precisamente en esa ocasión me pareció ver al emperador en persona asomado por una de las ventanas del palacio; casi nunca sale a las habitaciones exteriores y vive siempre en el jardín más interior, pero esa vez lo vi, o por lo menos me pareció verlo, ante una de las ventanas, contemplando cabizbajo lo que ocurría frente a su palacio.

-¿En qué terminará esto? -nos preguntamos todos-. ¿Hasta cuando soportaremos esta carga y este tormento? El palacio imperial ha traído a los nómadas, pero no sabe cómo hacer para repelerlos. El portal permanece cerrado; los guardias, que antes solían entrar y salir marchando festivamente, ahora están siempre encerrados detrás de las rejas de las ventanas. La salvación de la patria sólo depende de nosotros, artesanos y comerciantes; pero no estamos preparados para semejante empresa; tampoco nos hemos jactado nunca de ser capaces de cumplirla. Hay cierta confusión, y esa confusión será nuestra ruina.

jueves, 13 de diciembre de 2007

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Felisberto Hernández


Nadie encendía las lámparas.



Hace mucho tiempo leía yo un cuento en una sala antigua. Al principio entraba por una de las persianas un poco de sol. Después se iba echando lentamente encima de algunas personas hasta alcanzar una mesa que tenía retratos de muertos queridos. A mí me costaba sacar las palabras del cuerpo como de un instrumento de fuelles rotos. En las primeras sillas estaban dos viudas dueñas de casa; tenían mucha edad, pero todavía les abultaba bastante el pelo de los moños. Yo leía con desgano y levantaba a menudo la cabeza del papel; pero tenía que cuidar de no mirar siempre a una misma persona; ya mis ojos se habían acostumbrado a ir a cada momento a la región pálida que quedaba entre el vestido y el moño de una de las viudas. Era una cara quieta que todavía seguiría recordando por algún tiempo un mismo pasado. En algunos instantes sus ojos parecían vidrios ahumados detrás de los cuales no había nadie. De pronto yo pensaba en la importancia de algunos concurrentes y me esforzaba por entrar en la vida del cuento. Una de las veces que me distraje vi a través de las persianas moverse palomas encima de una estatua. Después vi, en el fondo de la sala, una mujer joven que había recostado la cabeza contra la pared; su melena ondulada estaba muy esparcida y yo pasaba los ojos por ella como si viera una planta que hubiera crecido contra el muro de una casa abandonada. A mí me daba pereza tener que comprender de nuevo aquel cuento y transmitir su significado; pero a veces las palabras solas y la costumbre de decirlas producían efecto sin que yo interviniera y me sorprendía la risa de los oyentes. Ya había vuelto a pasar los ojos por la cabeza que estaba recostada en la pared y pensé que la mujer acaso se hubiera dado cuenta; entonces, para no ser indiscreto, miré hacia la estatua. Aunque seguía leyendo, pensaba en la inocencia con que la estatua tenía que representar un personaje que ella misma no comprendería. Tal vez ella se entendería mejor con las palomas: parecía consentir que ellas dieran vueltas en su cabeza y se posaran en el cilindro que el personaje tenía recostado al cuerpo. De pronto me encontré con que había vuelto a mirar la cabeza que estaba recostada contra la pared y que en ese instante ella había cerrado los ojos. Después hice el esfuerzo de recordar el entusiasmo que yo tenía las primeras veces que había leído aquel cuento; en él había una mujer que todos los días iba a un puente con la esperanza de poder suicidarse. Pero todos los días surgían obstáculos. Mis oyentes se rieron cuando en una de las noches alguien le hizo una proposición y la mujer, asustada, se había ido corriendo para su casa.
La mujer de la pared también se reía y daba vuelta la cabeza en el muro como si estuviera recostada en una almohada. Yo ya me había acostumbrado a sacar la vista de aquella cabeza y ponerla en la estatua. Quise pensar en el personaje que la estatua representaba; pero no se me ocurría nada serio; tal vez el alma del personaje también habría perdido la seriedad que tuvo en vida y ahora andaría jugando con las palomas. Me sorprendí cuando algunas de mis palabras volvieron a causar gracia; miré a las viudas y vi que alguien se había asomado a los ojos ahumados de la que parecía más triste. En una de las oportunidades que saqué la vista de la cabeza recostada en la pared, no miré la estatua sino a otra habitación en la que creí ver llamas encima de una mesa; algunas personas siguieron mi movimiento; pero encima de la mesa sólo había una jarra con flores rojas y amarillas sobre las que daba un poco de sol.
Al terminar mi cuento se encendió el barullo y la gente me rodeó; hacían comentarios y un señor empezó a contarme un cuento de otra mujer que se había suicidado. Él quería expresarse bien pero tardaba en encontrar las palabras; y además hacía rodeos y digresiones. Yo miré a los demás y vi que escuchaban impacientes; todos estábamos parados y no sabíamos qué hacer con las manos. Se había acercado la mujer que usaba esparcidas las ondas del pelo. Después de mirarla a ella, miré la estatua. Yo no quería el cuento porque me hacía sufrir el esfuerzo de aquel hombre persiguiendo palabras: era como si la estatua se hubiera puesto a manotear las palomas.
La gente que me rodeaba no podía dejar de oír al señor del cuento; él lo hacía con empecinamiento torpe y como si quisiera decir: "soy un político, sé improvisar un discurso y también contar un cuento que tenga su interés".
Entre los que oíamos había un joven que tenía algo extraño en la frente: era una franja oscura en el lugar donde aparece el pelo; y ese mismo color -como el de una barba tupida que ha sido recién afeitada y cubierta de polvos- le hacía grandes entradas en la frente. Miré a la mujer del pelo esparcido y vi con sorpresa que ella también me miraba el pelo a mí. Y fue entonces cuando el político terminó el cuento y todos aplaudieron. Yo no me animé a felicitarlo y una de las viudas dijo: "siéntense, por favor" Todos lo hicimos y se sintió un suspiro bastante general; pero yo me tuve que levantar de nuevo porque una de las viudas me presentó a la joven del pelo ondeado: resultó ser sobrina de ella. Me invitaron a sentarme en un gran sofá para tres; de un lado se puso la sobrina y del otro el joven de la frente pelada. Iba a hablar la sobrina, pero el joven la interrumpió. Había levantado una mano con los dedos hacia arriba -como el esqueleto de un paraguas que el viento hubiera doblado- y dijo:
-Adivino en usted un personaje solitario que se conformaría con la amistad de un árbol.
Yo pensé que se había afeitado así para que la frente fuera más amplia, y sentí maldad de contestarle:
-No crea; a un árbol, no podría invitarlo a pasear.
Los tres nos reímos. Él echó hacia atrás su frente pelada y siguió:
-Es verdad; el árbol es el amigo que siempre se queda.
Las viudas llamaron a la sobrina. Ella se levantó haciendo un gesto de desagrado; yo la miraba mientras se iba, y sólo entonces me di cuenta que era fornida y violenta. Al volver la cabeza me encontré con un joven que me fue presentado por el de la frente pelada. Estaba recién peinado y tenía gotas de agua en las puntas del pelo. Una vez yo me peiné así, cuando era niño, y mi abuela me dijo: "Parece que te hubieran lambido las vacas." El recién llegado se sentó en el lugar de la sobrina y se puso a hablar.
-¡Ah, Dios mío, ese señor del cuento, tan recalcitrante!
De buena gana yo le hubiera dicho: "¿Y usted?, ¿tan femenino?" Pero le pregunté:
-¿Cómo se llama?
-¿Quién?
-El señor... recalcitrante.
-Ah, no recuerdo. Tiene un nombre patricio. Es un político y siempre lo ponen de miembro en los certámenes literarios.
Yo miré al de la frente pelada y él me hizo un gesto como diciendo: "'¡Y qué le vamos a hacer!"
Cuando vino la sobrina de las viudas sacó del sofá al "femenino" sacudiéndolo de un brazo y haciéndole caer gotas de agua en el saco. Y enseguida dijo:
-No estoy de acuerdo con ustedes.
-¿Por qué?
-...y me extraña que ustedes no sepan cómo hace el árbol para pasear con nosotros.
-¿Cómo?
-Se repite a largos pasos.
Le elogiamos la idea y ella se entusiasmó:
-Se repite en una avenida indicándonos el camino; después todos se juntan a lo lejos y se asoman para vernos; y a medida que nos acercamos se separan y nos dejan pasar.
Ella dijo todo esto con cierta afectación de broma y como disimulando una idea romántica. El pudor y el placer la hicieron enrojecer. Aquel encanto fue interrumpido por el femenino:
-Sin embargo, cuando es la noche en el bosque, los árboles nos asaltan por todas partes; algunos se inclinan como para dar un paso y echársenos encima; y todavía nos interrumpen el camino y nos asustan abriendo y cerrando las ramas.
La sobrina de las viudas no se pudo contener.
-¡Jesús, pareces Blancanieves!
Y mientras nos reíamos, ella me dijo que deseaba hacerme una pregunta y fuimos a la habitación donde estaba la jarra con flores. Ella se recostó en la mesa hasta hundirse la tabla en el cuerpo; y mientras se metía las manos entre el pelo, me preguntó:
-Dígame la verdad: ¿por qué se suicidó la mujer de su cuento?
-¡Oh!, habría que preguntárselo a ella.
-Y usted, ¿no lo podría hacer?
-Sería tan imposible como preguntarle algo a la imagen de un sueño.
Ella sonrió y bajó los ojos. Entonces yo pude mirarle toda la boca, que era muy grande. El movimiento de los labios, estirándose hacia los costados, parecía que no terminaría más; pero mis ojos recorrían con gusto toda aquella distancia de rojo húmedo. Tal vez ella viera a través de los párpados; o pensara que en aquel silencio yo no estuviera haciendo nada bueno, porque bajó mucho la cabeza y escondió la cara. Ahora mostraba toda la masa del pelo; en un remolino de las ondas se le veía un poco de la piel, y yo recordé a una gallina que el viento le había revuelto las plumas y se le veía la carne. Yo sentía placer en imaginar que aquella cabeza era una gallina humana, grande y caliente; su calor sería muy delicado y el pelo era una manera muy fina de las plumas.
Vino una de las tías -la que no tenía los ojos ahumados- a traernos copitas de licor. La sobrina levantó la cabeza y la tía le dijo:
-Hay que tener cuidado con éste; mira que tiene ojos de zorro.
Volví a pensar en la gallina y le contesté:
-¡Señora! ¡No estamos en un gallinero!
Cuando nos volvimos a quedar solos y mientras yo probaba el licor -era demasiado dulce y me daba náuseas-, ella me preguntó:
-¿Usted nunca tuvo curiosidad por el porvenir?
Había encogido la boca como si la quisiera guardar dentro de la copita.
-No, tengo más curiosidad por saber lo que le ocurre en este mismo instante a otra persona; o en saber qué haría yo ahora si estuviera en otra parte.
-Dígame, ¿qué haría usted ahora si yo no estuviera aquí?
-Casualmente lo sé: volcaría este licor en la jarra de las flores.
Me pidieron que tocara el piano. Al volver a la sala la viuda de los ojos ahumados estaba con la cabeza baja y recibía en el oído lo que la hermana le decía con insistencia. El piano era pequeño, viejo y desafinado. Yo no sabía qué hacer; pero apenas empecé a probarlo la viuda de los ojos ahumados soltó el llanto y todos nos callamos. La hermana y la sobrina la llevaron para adentro; y al ratito vino la sobrina y nos dijo que su tía no quería oír música desde la muerte de su esposo -se habían amado hasta llegar a la inocencia.
Los invitados empezaron a irse. Y los que quedamos hablábamos en voz cada vez más baja a medida que la luz se iba. Nadie encendía las lámparas.
Yo me iba entre los últimos, tropezando con los muebles, cuando la sobrina me detuvo:
-Tengo que hacerle un encargo.
Pero no me dijo nada: recostó la cabeza en la pared del zaguán y me tomó la manga del saco.
"Nadie encendía las lámparas" (1947)





César Vallejo

Considerando en frío imparcialmente...

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando que el hombre
procede suavemente del trabajo y repercute jefe,
suena subordinado; que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas y, a medio abrir,
sus ojos estudiaron, desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo que el hombre
se queda, a veces, pensando, como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también que el hombre
es en verdad un animal y, no obstante, al voltear,
me da con su tristeza en la cabeza...
Examinando, en fin, sus encontradas piezas,
su retrete, su desesperación,
al terminar su día atroz, borrándolo...

Comprendiendo que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...
Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...
le hago una seña, viene, y le doy un abrazo,
emocionado. ¡Qué mas da! Emocionado... Emocionado...

Poemas Humanos (1938)

KURT SCHWITTERS









O, du Geliebte meiner siebenundzwanzig Sinne, ich liebe dir! - Du deiner dich dir, ich dir, du mir. - Wir? Das gehört (beiläufig) nicht hierher. Wer bist du, ungezähltes Frauenzimmer? Du bist - bist du? - Die Leute sagen du wärest - laß sie sagen, sie sie wissen nicht wie der Kirchturm steht. Du trägst den Hut auf deinen Füßen und wanderst auf die Hände, auf den Händen wanderst du. Hallo deine roten Kleider, in weiße Falten zersägt. Rot liebe ich Anna Blume, rot liebe ich dir! - Du deiner dich dir, ich dir, du mir. - Wir? Das gehört (beiläufig) in die kalte Glut. Rote Blume, rote Anna Blume, wie sagen die Leute? Preißfrage: 1. Anna Blume hat einen Vogel. 2. Anna Blume ist rot. 3. Welche Farbe hat der Vogel? Blau ist die Farbe deines gelben Haares. Rot ist das Sirren deines grünen Vogels. Du schlichtes Mädchen im Alltagskleid, du liebes grünes Tier, ich liebe dir! - Du deiner dich dir, ich dir, du mir. - Wir? Das gehört (beiläufig) in die Glutenkiste. Anna Blume! Anna, a-n-n-a ich träufele deinen Namen. Dein Name tropft wie Rindertalg. Weißt du es Anna, weißt du es schon? Man kann dich auch von hinten lesen, und du, du Herrlichste von allen, du bist von hinten wie von vorne: "a-n-n-a". Rindertalg träufelt streicheln über meinen Rücken. Anna Blume, du tropfes Tier, ich liebe dir!


A Ana Flor


¡Oh tu, la amada de mis veintisiete sentidos, te quiero! Tu, tuyo, te a tí, yo te, tu me,---¿nosotros? ¡Esta declaración (de momento) nada tiene que ver! ¿Quién eres tú, mujer incontada? Eres - ¿eres? Dice la gente que serías... Digan lo que digan no saben de que va todo esto LLevas el sombrero en los pies y paseas sobre las manos, Sobre las manos te paseas Hola, divide tus ropas rojas en pliegues bancos, Roja te amo, Ana Flor, roja te amo. Tu, tuyo, te a tí, yo te, tu me,---¿nosotros? ¡Esta declaración (de momento) nada tiene que ver! lancémosla a las brasas apagadas. Ana Flor, roja Ana Flor. ¿Qué dice la gente? Adivinanzas: Ana tiene pajaros Ana Flor es roja ¿De qué color son los pájaros? Azul es el color de tus cabellos amarillos rojo es el color de tus pajaros verdes. Tu, inocente mujercita con tu vestido de cada día tu, amado animal verde, te amo. Tu, tuyo, te a tí, yo te, tu me,---¿nosotros? ¡Esta declaración (de momento) nada tiene que ver! lancemosla a la caldera. Ana Flor, Ana, A-N-A! Destilo tu nombre Tu nombre gotea como suave sebo de buey. ¿Sabes Ana, sabes ya que se te puede leer hacia atrás? Pues tu, la más hermosa de todas, eres la misma por delante y por detrás. A - N - A. El sebo de buey ACARICIA mi espalda al gotear Oh Ana Flor, goteas como una fiera, ¡Te ---- quiero!

lunes, 10 de diciembre de 2007

domingo, 9 de diciembre de 2007

jueves, 6 de diciembre de 2007

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Georg Trakl

Noche de invierno

Ha caído nieve. Después de medianoche abandonas, ebrio de vino purpúreo, la oscura región de los hombres, la roja llama de su hogar. ¡Oh, la tiniebla!
Negra escarcha. La tierra es dura, amargo el sabor del aire. Signos malignos conforman sus estrellas.
Con pasos petrificados vas golpeando sobre el terraplén, con ojos redondos, como un soldado que asalta una negra trinchera. ¡Avanti!
¡Amarga nieve y Luna!
Un lobo rojo que un ángel estrangula. Tus piernas tintinean al caminar como hielo azul, y una sonrisa llena de tristeza y orgullo ha petrificado tu rostro, y la frente empalidece ante la voluptuosidad del frío:
O bien se inclina callada sobre el sueño de un centinela, que se dejó caer en su garita de madera.
Helada y humo. Una blanca camisa de estrellas quema los hombros donde se apoya y los buitres de Dios despedazan tu corazón metálico.
Oh, la pétrea colina. Silencioso y olvidado se va derritiendo el fresco cuerpo en la nieve plateada.
Negro es el sueño. Largamente sigue el oído el derrotero de las estrellas por el hielo.
Al despertar sonaban las campanas de la aldea. Por la puerta oriental entró argénteo el día sonrosado.

martes, 4 de diciembre de 2007

Conrado Nalé Roxlo

El grillo

Música porque sí, música vana,
como la vana música del grillo;
mi corazón, egóglico y sencillo,
se ha despertado grillo esta mañana.

¿Es este cielo azul de porcelana?
¿Es una copa de oro el espinillo?
¿O es que en mi nueva condición de grillo
veo todo a lo grillo esta mañana?

¡Qué bien suena la flauta de la rana!
Pero no es son de flauta: es un platillo
de vibrante cristal, de a dos desgrana

gotas de agua sonora. ¡Qué sencillo
es a quien tiene corazón de grillo
interpretar la vida esta mañana!

(Buenos Aires, 1898-1971)

Miguel de Cervantes

Diálogo entre Babieca y Rocinante


B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
R. Porque nunca se come, y se trabaja.
B. Pues, ¿qué es de la cebada y de la paja?
R. No me deja mi amo ni un bocado.

B. Andá, señor, que estáis muy mal criado,
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
R. Asno se es de la cuna a la mortaja.
¿Queréislo ver? Miraldo enamorado.

B. ¿Es necedad amar? R. No es gran prudencia.
B. Metafísico estáis. R. Es que no como.
B. Quejaos del escudero. R. No es bastante.

¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,
si el amo y escudero o mayordomo
son tan rocines como Rocinante.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Bach, J.S. Partita No. 3 in E, BWV 1006

Maurice Maeterlinck

La única moral viva y eficaz ¿no es la idea que cada cual se hace de algunos seres escogidos? Pero en esta idea ¡¿Cuál es la parte del alma elegida y cuál la parte del que la elige?! ¿Es que eso no se mezcla muy misteriosamente y esa moral ideal no llega a profundidades que la moral de los libros más hermosos nunca podrán alcanzar?

[...]

¿No es en el amor donde se encuentran los mas puros elementos de belleza que podemos ofrecer a nuestra alma? Hay seres que se aman así en la belleza. Amar así es perder poco a poco el sentido de la fealdad; es cerrar los ojos a todas la pequeñeces y no entrever ya mas que la frescura y la virginidad de las almas mas humildes. Amar así es no tener siquiera la necesidad de perdonar. Amar así es no poder ocultar ya nada, porque ya no hay nada que el alma siempre presente no transforme en belleza.(…) Amar así es elevar a todos los que nos rodean a alturas en que ya no pueden faltar y de donde una baja acción debe caer de tan alto que al caer al suelo descubre, a pesar suyo, su alma de diamante.

[...]

… desde el momento en que no estamos ya obligados a formular lo que en nosotros hay de misterioso, somos mas profundos que todo cuanto se halla escrito y mas grandes que todo lo existente.

[...]

Hay en este aposento cinco o seis seres que hablan de la lluvia y del buen tiempo; mas por encima de esta conversación miserable, seis almas sostienen un dialogo al que ninguna sabiduría humana podría aproximarse sin peligro, y aun cuando hablen a través de sus miradas, sus manos, su rostro y toda su presencia, siempre ignoran lo que dicen.
Es menester, no obstante, que esperen al fin del ininteligible dialogo, y he aquí por qué tienen no sé qué alegría misteriosa en su fastidio, sin conocer que en ellas escuchan todas las leyes de la vida, de la muerte y del amor, que pasan como ríos inagotables en torno de la casa.”

[...]

…la vida es grave, y nuestra alma no ha sonreído aun en el fondo de nuestro ser.

[...]

…la variedad de la existencia no se distingue. Caminamos rendidos bajo el peso de nuestra alma, y no hay proporción entre ella y nosotros.

[...]

Si se pudiera preguntar a una inteligencia de otro mundo cual es la expresión sintética de la faz de los hombres, respondería, indudablemente, después de haberlos visto en sus alegrías, en sus dolores, en sus inquietudes:
-Parecen pensar en otra cosa.
Sed grandes, sed sabios y elocuentes; el alma del pobre que alarga la mano al extremo del puente, no estará celosa, pero la vuestra le envidiará tal vez su silencio. El héroe necesita la aprobación del hombre ordinario, pero el hombre ordinario no pide la aprobación del héroe, y sigue su vida sin inquietud, como el que tiene su tesoro en lugar seguro.

[...]

Una verdad oculta es la que nos hace vivir. Somos sus esclavos inconscientes y mudos, y nos encontramos encadenados mientras ella no aparece. Pero si uno de estos seres extraordinarios, que son las antenas del alma humana innumerablemente una, sospecha su presencia por un instante, avanzando a tientas en las tinieblas, hasta el último de nosotros, por no se que choque súbito e inexplicable, nos encontramos libres de algo; una verdad nueva, más alta, más pura y más misteriosa ocupa el lugar de la que se vio descubierta y que huye para siempre, y el alma de todos, sin que nada la venda exteriormente, inaugura una era más serena y celebra profundas fiestas en las que nosotros no tomamos sino una parte tardía y muy lejana. Y creo qué de este modo es como se eleva y corre hacia la finalidad que solo ella conoce.

[...]

…porque el niño que calla es mil veces más sabio que el Marco Aurelio que habla. Y sin embargo, si Marco Aurelio no hubiera escrito los doce libros de sus Meditaciones, una parte de los tesoros desconocidos que nuestro niño encierra no sería la misma. Tal vez no sea posible hablar claramente de estas cosas, pero los que supieron interrogarse bastante profundamente y vivir, aunque no fuera más que el tiempo que dura un relámpago, con arreglo a su ser integral, sienten las razones por las cuales si Platón, Swedenborg y Plotino no hubieran existido, el alma del lugareño, que no los leyera, ni hubiese oído hablar de ellos, no sería lo que es infaliblemente hoy.

[...]

Tratamos de conocer para aprender a no conocer. No creemos sino merced al crecimiento de los misterios que nos agobian, y somos esclavos que no pueden mantener en sí el deseo de vivir sino a condición de aumentar, sin desanimarse, el despiadado peso de sus cadenas…

[...]

Llega un momento en que los fenómenos de la conciencia habitual, que podría llamarse la conciencia pasional o la conciencia de las relaciones de primer grado, no nos aprovechan ya ni llegan a nuestra vida. Concedo que esta conciencia sea en ocasiones interesante y que sea interesante conocer sus pliegues. Pero es una planta de la superficie, y sus raíces tienen el gran fuego central de nuestro ser. Puedo cometer un crimen, sin que el menor soplo incline la mas ínfima llama de esta hoguera, y por otra parte, una mirada cambiada, un pensamiento que no llega a expresarse, un minuto pasado sin decir nada, puede agitarla en torbellinos en el fondo de sus retiros y hacerla desbordarse sobre mi vida. Nuestra alma no juzga como nosotros; es una cosa caprichosa y oculta. Puede ser alcanzada por un soplo y pasar desapercibida por una tempestad. Es menester buscar lo que la toca; todo está ahí, porque ahí estamos nosotros.

[...]

…es menester no hablar sino para sí…

De El tesoro de los humildes
(fragmentos)

domingo, 2 de diciembre de 2007

Enrique Casaravilla Lemos (II)

Versos terrenos…

Me llaman
a su gracia pálida
las bodas del cielo.
-Pero yo amo la Tierra.

Me llaman las altas estrellas.
-Pero las mujeres cubren con una roja llama, toda la tierra...!

Me llaman las altas tinieblas!...
-Pero yo amo las cabelleras
de las plantas,
que las más sensuales, y felices, me recuerdan
de las mujeres de la tierra!

Me llaman desde las alturas de las estrellas
llantos
de vagos labios
perdidos....
-¡Pero yo amo la tierra!

E. E. Cummings

Impresión IV

las horas levántanse apagando estrellas y es
el alba
en la calle del cielo la luz camina regando poemas

en la tierra una candela se
consume
la ciudad
despierta
con un canto en su
boca, con la muerte en sus ojos;

y es el alba
el mundo
se adelanta matando sueños . . . .

veo en la calle donde fuertes
hombres están cavando pan,
veo las caras brutales de
gente contenta horrenda desesperada cruel feliz

y es de día,

en el espejo
veo un frágil
hombre
soñando
sueños
sueños en el espejo

y es
el ocaso
en la tierra

se enciende una candela
y es de noche.
la gente está en sus casas
el frágil hombre está en su cama
la ciudad

duerme con la muerte en la boca con un canto en los ojos
las horas descienden,
encendiendo estrellas . . . .

en la calle del cielo la noche camina regando poemas

sábado, 1 de diciembre de 2007

Joseph Beuys

Gerät einer Norme


Akteur-Performer



Dschingis Khans Wiege




Sin título




Two White Crosses on Red




Hogan




Carl Sandburg

Diez definiciones de poesía

1 - Poesía es una proyección en el silencio de cadencias ordenadas a romper ese silencio con definidas intenciones de ecos, sílabas, longitudes de onda.

2 - Poesía es el diario de un animal marino, viviendo en la tierra, deseoso de volar en el aire.

3 - Poesía es una serie de explicaciones de la vida, perdiéndose en horizontes demasiado rápidos para explicaciones.

4 - Poesía es una búsqueda de sílabas para arrojarlas a las barreras de lo desconocido y lo inconcebible.

5 - Poesía es el teorema de un pañuelo de seda amarillo anudado con acertijos, encerrado en un globo de colores atado a la cola de un cometa volando en un viento blanco contra el cielo azul de primavera.

6 - Poesía es el silencio y la conversación entre la raíz de una flor que se debate bajo la tierra y el soleado capullo abierto de esa flor.

7 - Poesía es el aparejo de la paradoja de la tierra acunando la vida y luego sepultándola.

8 - Poesía es una inscripción fantasma que dice cómo son hechos los arco iris y porque se van.

9 - Poesía es una síntesis de jacintos y bizcochos.

10 - Poesía es el abrir y cerrar de una puerta, que deja conjeturando a los que miran sobre lo que se ve por un instante.