Sale al campo el poeta; allí admira y adora
escuchando la lira que en su pecho resuena;
cuando ven que se acerca, hete aquí que las flores,
las que pálido dejan el color del rubí,
más vistosas incluso que los pavos reales,
o, doradas o azules, las minúsculas flores,
le reciben moviendo en el aire sus tallos,
se ensimisman, coquetas, sin dejar de mirarlo,
y, beldades al fin, dando cierta confianza.
—Mira, dicen, ahí viene quien suspira por vernos.
Y entre luces y sombras, y entre voces confusas,
esos árboles altos habitantes del bosque,
cual profundos ancianos, arces, tejos y tilos,
sauces llenos de arrugas, venerables encinas,
olmos negros con musgo que se pega a su cuerpo,
como ulemas sumisos al pasar el muftí ,
le saludan rendidos inclinando hasta el suelo
sus cabezas de fronda y sus barbas de hiedra
contemplando su frente de fulgores serenos
y susurran: ¡Es él! ¡Es aquel soñador!
martes, 4 de marzo de 2008
Victor Hugo
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miércoles, 13 de febrero de 2008
Stephane Mallarmé
BRISA MARINA
La carne es triste, ¡ay! y he leído todos los libros
¡Huir! ¡Huir lejos! Siento que los pájaros están ebrios
de estar entre la espuma desconocida y los cielos!
Nada, ni los viejos jardines reflejados en los ojos
detendrá a este corazón que se empapa en el mar.
¡Oh, noches! Ni la claridad desierta de mi lámpara
sobre el papel vacío que defiende su blancura
ni la joven muchacha amamantado a su hijo.
¡Yo partiré! ¡Vapor que balanceas tu arboladura
leva el ancla rumbo a una naturaleza exótica!
¡El Aburrimiento, desolado por las crueles esperanzas,
cree todavía en el adiós supremo de los pañuelos!
Y quizás los mástiles inviten a las tempestades
para que un viento se incline sobre los náufragos
perdidos, sin mástiles, sin mástiles, ni islotes fértiles...
Pero, oh, corazón mío, escucha el canto de los marineros!
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viernes, 18 de enero de 2008
Charles Baudelaire (II)
UNA CARROÑA
Recuerda el objeto que vimos, alma mía,
aquella bella mañana de verano tan dulce:
al torcer de un sendero una carroña infame
sobre una cama sembrada de guijarros,
las piernas al aire, como una mujer lúbrica,
ardiente y sudando los venenos,
abría de una manera descuidada y cínica
su vientre lleno de exhalaciones.
El sol brillaba sobre esta podredumbre,
como para cocerla a punto,
y de rendir al céntuplo a la gran Naturaleza
todo esto que al mismo tiempo había unido.
Y el cielo miraba el esqueleto soberbio
como a una flor al abrirse.
El hedor era tan fuerte, que en la hierba
creíste que ibas a desmayar.
Las moscas zumbaban sobre este vientre pútrido,
de donde salían negros batallones
de larvas, que se deslizaban como un espeso líquido
a lo largo de estos viventes harapos.
Todo aquello descendía, subía como una ola,
o se lanzaba chispeante;
se habría dicho que el cuerpo, hinchado de un aliento vago,
vivía multiplicándose.
Y este mundo comportaba una extraña música,
como el agua corriente y el viento,
o el grano que un aventador de un movimiento rítmico
agita y devuelve a su harnero.
Y las formas se borraban y sólo eran un sueño,
un esbozo lento en venir,
sobre la tela olvidada, y que el artista acaba
solamente para el recuerdo.
Detrás de las rocas una perra inquieta
nos miraba con aire enojado,
espiando el momento de recuperar del esqueleto
el trozo que había abandonado.
Y tú serás igual a este desperdicio,
a esta horrible infección,
estrella de mis ojos, sol de mi naturaleza,
tú, mi ángel y mi pasión.
¡Sí! tal serás tu, oh, reina de las gracias,
despues de los últimos sacramentos,
cuando vayas bajo la hierba y las floraciones grasas
a enmohecer entre las osamentas.
Entonces, ¡oh, mi belleza! dile a los gusanos
que te comerán a besos,
que yo he guardado la forma y la esencia divina
de mis amores descompuestos.
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viernes, 28 de diciembre de 2007
Charles Baudelaire
Cohetes.
El amor es el gusto por la prostitución. No hay ni siquiera un placer noble que no pueda ser vinculado a la prostitución. En un espectáculo, en un baile, cada uno goza de todos. ¿Qué es el arte? Prostitución.
El amor puede derivar de un sentimiento generoso: el gusto por la prostitución; pero pronto es corrompido por el gusto por la propiedad. El amor quiere salir de si, confundirse con su víctima, como el vencedor con el vencido, y sin embargo quiere conservar privilegios de conquistador.
Las voluptuosidades de quien mantiene una mujer participan a la vez del ángel y del propietario. Caridad y ferocidad. Ambas independientes del sexo, de la belleza y del género animal.
Las tinieblas verdes de las noches húmedas de la bella estación.
de "III"
Cohetes.
Creo que ya escribí en mis notas que el amor se parece mucho a la tortura o a una operación quirúrgica. Pero esta idea puede ser desarrollada del modo más amargo. Aun cuando los dos amantes estuvieran muy enamorados y muy llenos de deseos recíprocos, uno de los dos estará siempre más tranquilo, o menos poseido que el otro. Ése, o ésa, es el operador o el verdugo; el otro es el sujeto, la víctima. ¿Escucháis esos suspiros, preludios de una tragedia de deshonra, esos gemidos, esos gritos, esos estertores? ¿Quién no los ha proferido, quién no los ha irresistiblemente arrancado? ¿Y qué encontráis peor que eso en la tortura aplicada por cuidadosos torturadores? Esos ojos: extraviados de sonámbulo, esos miembros cuyos músculos se sacuden y se contraen como bajo la acción de una pila electrónica, ni la embriguez, ni el delirio, ni el opio en sus más furiosos resultados, os ofrecerán por cierto, tan espantosos, tan curiosos ejemplos. Y el rostro humano, que Ovidio creía hecho para reflejar los astros, helo aqui que no expresa más que una ferocidad loca, o que se distiende en una especie de muerte. Porque, ciertamente, yo creía cometer un sacrilegio aplicando la palabra éxtasis a esta especie de descomposición.
¡Espantoso juego en el que es necesario que uno de los jugadores pierda el gobierno de si mismo!
Una vez preguntaron delante de mi en qué consistia el mayor placer del amor. Alguien repondió naturalmente: en recibir, y otro: en darse. Este dijo: "¡placer de orgullo!", y aquel "¡voluptuosidad de humillación!". Todos estos cerdos hablaban como la Imitación de Cristo. Al fin apareció un impúdico utopista que afirmo que el mayor placer del amor era el de formar ciudadanos para la patria.
Por mi parte, y digo: la voluptuosidad única y suprema del amor consiste en la certidumbre del mal. El hombre y la mujer saben, de nacimiento, que toda voluptuosidad se encuentra en el mal.
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domingo, 25 de noviembre de 2007
Jean Arthur Rimbaud
Ciudad
Soy un efímero y no demasiado descontento ciudadano de una metrópoli creída moderna porque todo gusto conocido ha sido evitado en los mobiliarios y en el exterior de las casas así como en el trazado de la ciudad. Aquí no podríais distinguir las huellas de ningún monumento de superstición. La moral y la lengua están reducidas a su más simple expresión, ¡por fin! Estos millones de seres que no necesitan conocerse llevan tan pareja la educación, el oficio y la vejez que ese transcurso de sus vidas debe ser varias veces menor del que establece una loca estadística para los pueblos del continente. Hasta qué punto, desde mi ventana, veo nuevos espectros rodando a través de la espesa y eterna humareda de carbón, - ¡nuestra sombra de los bosques, nuestra noche de estío! - nuevas Erinias, ante mi casita de campo, que es mi patria y todo mi corazón, ya que todo aquí se parece a esto, - la Muerte sin lágrimas, nuestra activa hija y servidora, un Amor desesperado, y un bonito Crimen piando en el barro de la calle.
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viernes, 23 de noviembre de 2007
Paul Eluard (II)
No puede conocerme
Nadie mejor que tú
Tus ojos en los cuales nos dormimos
Los dos
Han dado a mis luces de hombre
Una suerte mejor que a las noches del mundo
Tus ojos en los cuales yo viajo
Han dado a las gestas de los caminos
Un sentido desligado de la tierra
En tus ojos los que nos revelan
Nuestra soledad infinita
No son ya los que creían ser
No puede conocerte
Nadie mejor que yo
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Paul Eluard
¡Que hermoso espectáculo, pero que hermoso espectáculo
Para prohibirlo! Su visibilidad perfecta
me volvería ciego.
De las crisálidas de mis ojos
Nacerá mi otro yo tenebroso
Hablando a contraluz sospechando adivinando
El llena lo real
Y yo someto al mundo dentro de un espejo negro
E imagino mi poder
Haría falta empezar y no terminar nada.
Yo borro mi imagen yo soplo sus halos
Todas las ilusiones de la memoria
Todas las relaciones ardientes del silencio y de los sueños
Todos los caminos vivientes todos los azares sensibles
Estoy en el corazón del tiempo y cerco el espacio
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martes, 20 de noviembre de 2007
Samuel beckett
Cascando
1
por qué no meramente no esperar
la ocasión de
desahogarse
no es mejor abortar que ser estéril
son tan opresivas las horas cuando te vas
siempre empiezan a arrastrar demasiado pronto
las dragas arañando ciegamente el lecho de privación
rescatando los huesos los viejos amores
cuencas una vez llenas con ojos como los tuyos
siempre es mejor demasiado pronto que nunca
la negra ausencia salpicando las caras
diciendo otra vez nueve días nunca flotó lo amado
ni nueve meses
ni nueve vidas
2
diciendo otra vez
si no me enseñas no aprenderé
diciendo otra vez hay una última
incluso de las últimas veces
las últimas veces de pedir
las últimas veces de amar
de no saber de simular
una última incluso de las últimas veces de decir
si no me amas no seré amado
si no te amo no amaré
palabras rancias batiéndose de nuevo en el corazón
amor amor el golpeteo de la vieja paleta
machacando el suero inalterable
de las palabras
aterrado otra vez
de no amar
de amar y tú no
de ser amado y no por ti
de saber no saber simular
simular
yo y todos los otros que te amen
si te aman
3
a menos que te amen
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